Cifoplastia y vertebroplastia: qué son, cuándo están indicadas y diferencias

Cementación vertebral: vertebroplastia y cifoplastia

La cementación vertebral mediante vertebroplastia o cifoplastia tiene la finalidad de estabilizar determinadas fracturas dolorosas que están condicionando una limitación importante en la vida del paciente. Su objetivo no es tratar todas las fracturas ni sustituir al tratamiento conservador.

¿Qué es la cementación vertebral?

La cementación vertebral es un procedimiento mínimamente invasivo en el que se introduce un cemento médico especial en el interior de la vértebra fracturada, que actúa como pegamento que se endurece una vez aplicado en el interior de la vértebra fracturada.

Los objetivos son:

  • Estabilizar la fractura.
  • Reducir el dolor.
  • Favorecer una movilización precoz.
  • Disminuir la necesidad de analgésicos.
  • Evitar las consecuencias derivadas de la inmovilización prolongada.

La cementación vertebral no trata la osteoporosis. Lo que trata es una fractura concreta y sus consecuencias clínicas.

¿Cuándo está indicada una cementación vertebral?

Probablemente esta sea la pregunta más importante de todas y, al mismo tiempo, una de las más difíciles de responder.

No existe una única radiografía, una resonancia magnética o una prueba que indique de forma automática que una fractura debe cementarse. La decisión depende de la combinación de varios factores y de la situación concreta de cada paciente. En mi opinión, el principal criterio no es únicamente cómo se ve la vértebra, sino cómo está viviendo el paciente esa fractura.

No todas las fracturas necesitan ser cementadas. Muchas evolucionan favorablemente con tratamiento conservador, permitiendo recuperar la actividad de forma progresiva sin necesidad de realizar ningún procedimiento.

La dificultad consiste precisamente en identificar qué pacientes mejorarán espontáneamente y cuáles pasarán semanas o meses sufriendo dolor intenso, inmovilización y pérdida de calidad de vida. Hoy por hoy, ningún médico puede predecirlo con absoluta certeza.

Por este motivo considero que la indicación de una vertebroplastia o una cifoplastia no debería basarse únicamente en las imágenes de la resonancia o en el tiempo transcurrido desde la fractura, sino en una valoración global del paciente: intensidad del dolor, capacidad para caminar, grado de independencia previo, enfermedades asociadas, evolución clínica y expectativas funcionales.

En definitiva, la cementación vertebral no debe entenderse como el tratamiento de todas las fracturas osteoporóticas, pero tampoco como un procedimiento reservado únicamente para situaciones extremas. Utilizada en el paciente adecuado y en el momento oportuno, puede cambiar de forma muy significativa la evolución de una fractura vertebral dolorosa.

¿Cuáles son los criterios que en la consulta suelen llevar a la decisión de practicas una cifoplastia en un paciente concreto?

Aunque el dolor intenso es la causa más frecuente para indicar una cifoplastia, la decisión rara vez depende de un único factor. También valoramos si el paciente tolerará adecuadamente el corsé, si necesitará analgésicos en dosis elevadas o durante periodos prolongados, si la fractura le impide caminar o mantener una vida relativamente independiente y el riesgo de permanecer semanas o meses con una movilidad muy limitada.

La existencia de fracturas vertebrales previas, la edad biológica del paciente, las enfermedades asociadas y la evolución clínica también pueden influir en la decisión. En realidad, el aspecto más importante no es únicamente cómo se ve la vértebra en una radiografía o una resonancia, sino cómo está afectando esa fractura a la calidad de vida del paciente.

Otro aspecto que también debe tenerse en cuenta es que la cifoplastia es un procedimiento muy poco agresivo. En la mayoría de los pacientes se realiza mediante pequeñas incisiones, con anestesia local y una sedación ligera. El riesgo de complicaciones es muy bajo, la agresión quirúrgica es mínima y habitualmente permite una movilización precoz. En muchos casos el paciente puede regresar a su domicilio el mismo día o al día siguiente del procedimiento.

La cuestión fundamental no es únicamente si existe una fractura vertebral, sino si esa fractura está condicionando una pérdida importante de calidad de vida que justifique una intervención destinada a acelerar la recuperación.

Pacientes mayores de edad avanzada, con enfermedades o con condiciones de fragilidad.

También puede ser una opción especialmente interesante en pacientes de edad avanzada o con múltiples enfermedades asociadas. En estas personas, permanecer varias semanas prácticamente inmovilizadas puede tener consecuencias mucho más graves que la propia fractura: pérdida de masa muscular, deterioro funcional, infecciones respiratorias, trombosis, nuevas caídas o pérdida definitiva de la independencia.

Pacientes en los que se aprecia colapso o una deformidad vertebral progresivos

Otro grupo de pacientes que merece una valoración individualizada son aquellos cuya fractura continúa evolucionando. En ocasiones, las radiografías muestran un colapso progresivo de la vértebra, la resonancia sigue demostrando edema óseo meses después de la lesión o aparece una deformidad creciente de la columna. En estas situaciones, la cementación debe realizarse incluso semanas o meses después del episodio inicial si la fractura continúa siendo la responsable del dolor.

Pacientes activos (especialmente mujeres) en los que una recuperación rápida tiene un gran valor

Existe otro perfil de paciente del que se habla mucho menos. Se trata de mujeres de entre 50 y 65 años que comienzan a presentar osteoporosis tras la menopausia, pero que mantienen una vida laboral, familiar y deportiva muy activa.

En estas pacientes resulta difícil justificar varias semanas de dolor, corsé, analgésicos y limitación funcional cuando existe un procedimiento mínimamente invasivo capaz de estabilizar la fractura y permitir una recuperación mucho más rápida.

La cementación vertebral suele realizarse mediante una pequeña incisión, con anestesia local y sedación, y permite en la mayoría de los casos una movilización inmediata. Además de aliviar el dolor, puede evitar la utilización prolongada de corsés y disminuir el riesgo de que la vértebra continúe colapsándose y aparezca una deformidad cifótica.

Naturalmente, estas pacientes deben ser estudiadas y recibir un tratamiento adecuado para la osteoporosis. Sin embargo, conviene recordar que tratar la osteoporosis no equivale a tratar la fractura ya producida. Los medicamentos mejoran la calidad del hueso y reducen el riesgo de futuras fracturas, pero no estabilizan de forma inmediata una vértebra ya fracturada ni eliminan el dolor que esta provoca.

«Con frecuencia hablamos de mujeres que trabajan, cuidan de sus hijos o de sus padres mayores, practican deporte y tienen planificados viajes o vacaciones. Para ellas, perder dos meses de autonomía puede tener un impacto mucho mayor que el que tradicionalmente se atribuye a una fractura vertebral.»

¿Cómo es una cifoplastia? Lo que más preocupa a los pacientes.

Cuando un paciente oye por primera vez la palabra cifoplastia suele pensar en una operación importante de columna. La realidad es muy diferente.

La cementación vertebral es uno de los procedimientos menos invasivos que realizamos en cirugía de columna. Habitualmente se lleva a cabo a través de una o dos pequeñas punciones en la piel, sin necesidad de realizar grandes incisiones ni de separar la musculatura de la espalda. Bajo control radiológico continuo, se introduce un pequeño instrumento en el interior de la vértebra fracturada para estabilizarla mediante un cemento específicamente diseñado para este tipo de procedimientos.

Dependiendo de las características del paciente y del número de vértebras que sea necesario tratar, la intervención puede realizarse con anestesia local y sedación o con anestesia general. En la mayoría de los casos la duración del procedimiento es inferior a una hora.

Una de las preguntas más frecuentes es cuánto tiempo será necesario permanecer ingresado. Habitualmente el ingreso dura entre unas horas y un día. Tras la intervención el paciente comienza a caminar muy pronto y, si la evolución es la esperada, puede regresar a su domicilio al día siguiente. En algunos casos seleccionados incluso puede realizarse de forma ambulatoria.

Otra preocupación habitual es la recuperación. A diferencia de otras cirugías de columna, la finalidad de la cementación vertebral es precisamente favorecer una movilización precoz. La mayoría de los pacientes experimenta una mejoría importante del dolor en las primeras horas o días, lo que permite reducir progresivamente la utilización de analgésicos y evitar largos periodos de reposo o el uso continuado de corsés.

Naturalmente, cada paciente evoluciona de forma diferente y no todas las fracturas responden exactamente igual. La cementación vertebral no devuelve la vértebra a su estado original ni hace desaparecer todos los síntomas de manera inmediata. Sin embargo, cuando la indicación es correcta, el objetivo es muy claro: recuperar cuanto antes la autonomía, disminuir el dolor y permitir que el paciente vuelva a su vida habitual con la mayor rapidez posible.

Quizá ese sea el aspecto más importante de todo el procedimiento. La cifoplastia no pretende únicamente tratar una vértebra. Pretende evitar que una fractura vertebral condicione durante semanas o meses la vida de una persona.

¿Qué diferencias existen entre la vertebroplastia y la cifoplastia?

La vertebroplastia y la cifoplastia son procedimientos mínimamente invasivos utilizados para tratar determinadas fracturas vertebrales dolorosas, especialmente cuando el tratamiento conservador no ha conseguido un alivio suficiente.

Ambas técnicas consisten en introducir un cemento médico especial en el interior de la vértebra fracturada para estabilizarla y reducir el dolor. La principal diferencia es que, en la cifoplastia, antes de la cementación se crea un espacio dentro de la vértebra mediante un balón específico, lo que puede permitir recuperar parcialmente la altura vertebral perdida en algunos pacientes. Esta cavidad creada actúa como «cámara» para depositar el cemento de modo más controlado.

En la práctica, las dos técnicas comparten los mismos objetivos: estabilizar la fractura, disminuir el dolor y facilitar una recuperación más rápida. La elección entre una y otra depende de diversos factores, como el tipo de fractura, su antigüedad, el grado de colapso vertebral y las características de cada paciente.

Por este motivo, la indicación debe individualizarse tras una valoración clínica y radiológica cuidadosa, seleccionando en cada caso la opción que pueda ofrecer el mejor resultado.

Ideas clave

  • La vertebroplastia y la cifoplastia son técnicas de cementación vertebral utilizadas para tratar determinadas fracturas vertebrales dolorosas, especialmente en pacientes con osteoporosis.
  • El objetivo principal no es corregir todas las fracturas vertebrales, sino aliviar el dolor, estabilizar la vértebra y facilitar una recuperación más rápida en pacientes seleccionados.
  • La cifoplastia incorpora un balón que permite crear una cavidad antes de introducir el cemento, lo que puede favorecer una recuperación parcial de la altura vertebral y disminuir el riesgo de fugas.
  • No todas las fracturas vertebrales requieren una cementación vertebral. Muchas evolucionan favorablemente mediante tratamientos conservadores como analgésicos, movilización progresiva y tratamiento específico de la osteoporosis.
  • La indicación no debe basarse únicamente en una resonancia magnética o una radiografía. Es fundamental valorar la intensidad del dolor, el grado de limitación funcional, la evolución clínica y las características de cada paciente.
  • En pacientes adecuadamente seleccionados, la vertebroplastia y la cifoplastia pueden proporcionar un alivio muy significativo del dolor y permitir una movilización precoz.
  • La cementación vertebral trata la fractura, pero no cura la osteoporosis, por lo que siempre debe acompañarse de medidas destinadas a prevenir nuevas fracturas.
  • La controversia no consiste en decidir si la cifoplastia funciona o no funciona. La verdadera dificultad consiste en identificar qué pacientes mejorarán espontáneamente y cuáles se beneficiarán de una intervención precoz

Preguntas frecuentes