Riesgos y complicaciones de la cirugía de columna.
Los riesgos y complicaciones de la cirugía de columna dependen del tipo de intervención, de la enfermedad tratada y de las características de cada paciente. No existe un único riesgo para todas las operaciones de columna. Comprender qué beneficios pueden esperarse y qué complicaciones pueden aparecer ayuda a tomar decisiones más informadas y realistas
Qué riesgos existen y por qué la indicación quirúrgica es fundamental
Operarse de la columna genera en muchos pacientes un temor especial. Es frecuente que una persona acepte con relativa tranquilidad una intervención de cadera, rodilla o tobillo y, sin embargo, cuando se le propone una operación de columna piense inmediatamente en la posibilidad de quedar paralizada o en silla de ruedas.
Este temor es comprensible. La columna protege estructuras neurológicas importantes y existen intervenciones de columna de gran complejidad.
Pero la cirugía de columna no es una única operación. El riesgo de una microdiscectomía lumbar, una descompresión por estenosis, una artrodesis, una cirugía cervical o una corrección de una deformidad compleja es muy diferente.
Por eso no existe un único “riesgo de la cirugía de columna”. Existe el riesgo de una determinada operación realizada a un determinado paciente.
La decisión más importante se toma antes de entrar en quirófano
Cuando hablamos de seguridad quirúrgica solemos pensar en lo que puede ocurrir durante la operación. Sin embargo, desde mi punto de vista, una parte fundamental de la seguridad se decide mucho antes.
La primera pregunta no es cómo operar. Es si realmente hay que operar.
El cirujano debe valorar simultáneamente muchos factores:
- Qué síntomas tiene el paciente;
- Qué lesión o enfermedad los está produciendo;
- Edad y estado general;
- Calidad del hueso;
- Actividad y expectativas funcionales;
- Enfermedades asociadas;
- Intervenciones previas;
- Extensión real del problema;
- Beneficio que razonablemente puede esperarse de la cirugía.
Una resonancia puede mostrar alteraciones importantes y no todas tienen que ser tratadas. En ocasiones basta con solucionar una parte del problema porque es la que produce la mayor parte de los síntomas. En otras, una cirugía demasiado limitada puede resultar insuficiente.
La experiencia del cirujano consiste también en saber qué debe tratarse, qué puede dejarse sin tratar y hasta dónde debe llegar la intervención.
Por eso considero que la indicación quirúrgica y la elección de la estrategia son probablemente los factores más importantes para conseguir un buen resultado.
¿Puede una operación de columna dejarme paralítico?
Es probablemente una de las primeras preguntas que se hace un paciente cuando se le propone una intervención.
En las cirugías lumbares habituales, la posibilidad de una lesión neurológica grave es extraordinariamente baja. En esta región no existe médula espinal en el lugar donde habitualmente trabajamos, sino las raíces nerviosas que forman la denominada cauda equina.
Esto no significa que el riesgo neurológico sea cero. Una raíz nerviosa puede sufrir una lesión y producir dolor, alteraciones de la sensibilidad o pérdida de fuerza. Una lesión de este tipo puede tener consecuencias importantes, aunque no implique necesariamente una pérdida de la capacidad para caminar.
El riesgo, además, es diferente en otras intervenciones. Algunas cirugías cervicales, las grandes correcciones de deformidades o la cirugía de determinados tumores requieren una valoración especialmente cuidadosa.
Por tanto, el riesgo neurológico debe explicarse siempre en relación con la operación concreta que se propone.
¿Qué complicaciones puede tener una cirugía de columna?
Ninguna intervención quirúrgica está completamente libre de riesgos. Las complicaciones dependen del tipo de cirugía y de las características del paciente.
Lesión de una raíz nerviosa
Es una complicación poco frecuente de determinadas cirugías lumbares. Puede producir dolor, alteraciones de la sensibilidad o pérdida de fuerza en los músculos que dependen de esa raíz.
Rotura de la duramadre
Durante determinadas cirugías de descompresión puede producirse una abertura accidental de la membrana que recubre las estructuras nerviosas. Es una complicación conocida y, en muchas ocasiones, puede repararse durante la propia intervención. El riesgo aumenta en determinadas circunstancias, especialmente en pacientes previamente operados.
Infección
Como en cualquier intervención, existe riesgo de infección de la herida. En algunas cirugías puede afectar a planos profundos o a los implantes.
Sangrado y complicaciones generales
La cantidad de sangrado y el riesgo de complicaciones generales dependen mucho de la extensión de la cirugía y de las condiciones del paciente. Las intervenciones más complejas requieren una preparación y una valoración médica más exhaustivas.
Complicaciones de los implantes
Los tornillos y otros implantes pueden presentar complicaciones como una posición inadecuada, aflojamiento, rotura o pérdida de fijación. Su importancia depende de cada caso y de que la fusión ósea haya conseguido consolidarse.
Pseudoartrosis
Cuando realizamos una artrodesis buscamos que determinadas vértebras formen finalmente una unión ósea sólida. Si esta consolidación no se produce adecuadamente hablamos de pseudoartrosis.
No siempre produce síntomas ni obliga a una nueva operación, pero en determinadas circunstancias puede ser necesario realizar una revisión quirúrgica.
¿Es siempre más segura la cirugía menos invasiva?
La respuesta es NO
La cirugía mínimamente invasiva ha supuesto una evolución importante y permite reducir la lesión de los tejidos y facilitar la recuperación en determinados pacientes.
Pero minimizar la agresión quirúrgica no significa realizar la operación más pequeña posible.
En ocasiones un abordaje algo más amplio permite visualizar mejor las estructuras nerviosas, trabajar con mayor seguridad o resolver adecuadamente una situación que no podía conocerse por completo antes de la intervención.
Una cirugía muy poco invasiva pero insuficiente para solucionar el problema puede convertirse en la peor cirugía posible
El objetivo debe ser otro:
Resolver el problema con la menor agresión necesaria, sin renunciar a la seguridad y a la fiabilidad técnica.
La elección puede ser una cirugía mínimamente invasiva, una técnica convencional o incluso una estrategia híbrida. La técnica debe adaptarse al paciente y al problema, y no al contrario.
¿Qué importancia tienen los tornillos de la columna?
Los tornillos pediculares producen un temor especial en muchos pacientes.
Es comprensible que resulte inquietante pensar que se van a introducir tornillos en las vértebras. Sin embargo, los implantes no se utilizan porque la cirugía sea necesariamente más peligrosa, sino porque en determinadas intervenciones son necesarios para estabilizar la columna, corregir una deformidad o conseguir una fusión ósea.
Como cualquier implante, pueden presentar complicaciones. Pero lo importante no es únicamente que haya tornillos.
Lo importante es por qué se colocan, dónde se colocan, qué objetivo tienen y si son realmente necesarios.
En pacientes con osteoporosis, por ejemplo, la calidad del hueso puede condicionar la fijación y obligar a utilizar estrategias específicas.
La primera cirugía puede ser decisiva.
Existe otro riesgo que a menudo preocupa menos al paciente: que la operación no consiga resolver adecuadamente el problema que la motivó.
Una cirugía puede realizarse sin una complicación importante y, sin embargo, el paciente continuar con dolor.
Puede suceder porque la indicación no era adecuada, porque no se identificó correctamente la causa de los síntomas, porque la cirugía fue insuficiente o, en otras ocasiones, porque se realizó una intervención más extensa de la necesaria.
Por eso la primera operación tiene una importancia especial.
Cuando se altera la anatomía de una columna aparecen cicatrices, pueden eliminarse estructuras, modificarse las articulaciones o colocarse implantes. Una eventual segunda intervención se realiza entonces sobre una columna diferente.
No todas las operaciones tienen una segunda oportunidad sencilla.
Por eso, antes de elegir una cirugía, el paciente debería preguntarse no solamente cuáles son sus riesgos, sino también qué posibilidades existen de que esa operación resuelva realmente su problema.
¿Cómo intentamos reducir los riesgos?
La seguridad comienza con un diagnóstico correcto y una indicación quirúrgica adecuada.
Después hay que elegir la estrategia y planificar cuidadosamente la intervención. Dependiendo del procedimiento pueden utilizarse diferentes recursos:
- Planificación quirúrgica individualizada;
- Técnicas mínimamente invasivas cuando están indicadas;
- Monitorización neurofisiológica;
- Navegación quirúrgica;
- Sistemas de asistencia robótica en determinados procedimientos;
- Implantes adaptados a las características del paciente;
- Protocolos anestésicos y de prevención de complicaciones.
La tecnología aporta precisión y puede aumentar la seguridad, pero no sustituye al criterio del cirujano.
Un navegador puede ayudar a colocar un tornillo. La monitorización puede proporcionar información sobre la función neurológica. Un sistema robótico puede asistir determinadas fases de una intervención. Pero ninguna tecnología responde a las preguntas fundamentales:
¿Hay que operar? ¿Qué hay que tratar? ¿Cuánto hay que hacer? ¿Y qué técnica es la más adecuada para este paciente?
Estas decisiones siguen dependiendo del conocimiento, la experiencia y el criterio del cirujano.
El riesgo debe compararse con el beneficio.
Ninguna operación está completamente libre de riesgos. Por eso la pregunta correcta no es:
«¿Tiene riesgos esta operación?»
La respuesta siempre será sí.
La pregunta importante es:
«¿Qué riesgo tiene esta operación concreta y qué beneficio puedo esperar de ella?»
Una intervención puede estar justificada cuando existe una probabilidad razonable de mejorar la situación del paciente y el riesgo que asumimos resulta aceptable.
En otras ocasiones, la mejor decisión será no operar.
La cirugía no debe realizarse porque exista una alteración en una resonancia ni porque exista una técnica disponible. Debe realizarse cuando el beneficio esperado justifica asumir sus riesgos.
Tecnología, experiencia y criterio
La cirugía moderna dispone de herramientas que ayudan a aumentar la precisión y la seguridad.
Dependiendo del procedimiento pueden utilizarse sistemas de navegación quirúrgica, monitorización neurofisiológica, asistencia robótica, técnicas mínimamente invasivas o implantes específicos para situaciones particulares.
Todas estas tecnologías son valiosas.
Sin embargo, ninguna responde a las preguntas más importantes:
¿Hay que operar? ¿Qué hay que tratar? ¿Hasta dónde debe llegar la intervención? ¿Cuál es la técnica más adecuada para este paciente?
Estas decisiones siguen dependiendo fundamentalmente del conocimiento, la experiencia y el criterio clínico.
Ideas clave.
- La cirugía de columna comprende intervenciones muy diferentes y el riesgo depende del procedimiento y del paciente.
- En las cirugías lumbares habituales, una lesión neurológica grave es una complicación extraordinariamente infrecuente.
- Existen otros riesgos, como lesión de una raíz nerviosa, rotura dural, infección, sangrado o complicaciones relacionadas con los implantes.
- En las artrodesis pueden aparecer complicaciones específicas como el aflojamiento del material o la pseudoartrosis.
- La indicación quirúrgica es uno de los factores fundamentales para conseguir un buen resultado.
- La cirugía menos invasiva no es necesariamente la cirugía más adecuada.
- La primera operación puede condicionar las posibilidades de una intervención posterior.
- La tecnología mejora la precisión y la seguridad, pero no sustituye al criterio del cirujano.
- El objetivo es conseguir el mejor resultado posible con la menor agresión necesaria.
Preguntas frecuentes.
¿Es peligrosa una operación de columna?
Depende del tipo de intervención. Una microdiscectomía lumbar, una descompresión por estenosis, una artrodesis y una corrección de una deformidad compleja tienen perfiles de riesgo muy diferentes.
¿Puedo quedar paralítico después de una operación lumbar?
Una lesión neurológica grave es extraordinariamente infrecuente en las cirugías lumbares habituales. Existe, sin embargo, un pequeño riesgo de lesión de una raíz nerviosa, que puede producir alteraciones de la sensibilidad o de la fuerza.
¿Es peligroso poner tornillos en la columna?
Los tornillos pediculares son implantes utilizados habitualmente en muchas cirugías. Pueden presentar complicaciones, como un error de posicionamiento en su colocación. Actualmente, si se utilizan sistemas modernos de navegación y robótica los errores por malposición son excepcionales.. Lo importante es que exista una indicación adecuada y que formen parte de una estrategia correctamente planificada, pero su utilización no hace por sí misma peligrosa una intervención
¿Qué es una rotura dural?
Es una abertura accidental de la membrana que recubre las estructuras nerviosas. Es una complicación conocida de determinadas cirugías y, en muchas ocasiones, puede repararse durante la propia intervención.
¿Qué es una pseudoartrosis?
Es la ausencia de una consolidación ósea adecuada después de una cirugía cuyo objetivo era conseguir una fusión entre determinadas vértebras. Su importancia depende de cada caso y no siempre obliga a una nueva intervención.
¿Puede una operación salir bien y que yo siga teniendo dolor?
Sí. Una intervención puede realizarse sin complicaciones pero no conseguir el resultado esperado. Puede haber sido dirigida para corregir problemas poco importantes o haber solucionado sin complicaciones una alteración poco relevante. La correcta identificación de la causa de los síntomas y la indicación quirúrgica son fundamentales.
¿La cirugía menos invasiva es siempre mejor?
No. Reducir la agresión quirúrgica es deseable cuando puede hacerse sin comprometer los objetivos de la intervención. La mejor cirugía es la que consigue resolver adecuadamente el problema con la menor agresión necesaria.
